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Preguntas para hacer al entrevistador según la fase

Preguntas para hacer al entrevistador en la primera entrevista, con el jefe directo y en la final: qué revela cada una de ti y cuáles conviene evitar.

· 5 min de lectura

Hombre de unos cincuenta años con gafas y barba canosa tomando notas en una libreta pequeña, sentado en la recepción de una oficina
Imagen generada con IA

Cuando la entrevista termina con «¿tienes alguna pregunta?», no te están despidiendo con cortesía. Te están dando el último turno de palabra, y lo que preguntes dice tanto de ti como lo que respondiste antes. Una buena pregunta demuestra que escuchaste, que piensas ya en el trabajo real y que también estás evaluando a la empresa.

El error más común es llevar una sola lista para todo el proceso. No tiene sentido preguntar a la persona de selección cómo se reparte el trabajo del equipo, ni preguntar al director en la última ronda qué hace la empresa. Cada fase tiene su interlocutor y sus preguntas.

Primera entrevista: con selección o recursos humanos

Quien te entrevista aquí conoce el proceso, la empresa en general y el perfil que buscan, pero rara vez el detalle técnico del día a día. Pregunta sobre eso que sí sabe.

«¿Por qué está abierto este puesto? ¿Es nuevo o sustituye a alguien?» Revela que te interesa el contexto. Si es nuevo, sabrás que la empresa crece o cambia; si es una sustitución, puedes preguntar con tacto si la persona anterior fue promocionada.

«¿Qué tiene que tener la persona que elijan para que el equipo diga que acertaron?» Muestra que piensas en encajar, no solo en conseguir el empleo. Además, la respuesta te da pistas para la siguiente entrevista: si mencionan autonomía o trato con clientes, prepara ejemplos de eso.

«¿Cuántas fases tiene el proceso y cuándo esperan tomar una decisión?» Es práctica y te evita días de incertidumbre. Si te dicen una fecha, ya sabes cuándo es razonable escribir para preguntar.

«¿Cómo es la forma de trabajo: presencial, híbrida o remota?» Si la oferta no lo aclaraba, pregúntalo ya. Es una condición básica y no tiene sentido descubrirla en la última ronda.

Segunda entrevista: con quien sería tu jefe directo

Esta es la conversación donde más se juega. La persona que tienes delante va a trabajar contigo cada día y sabe exactamente qué falta en su equipo. Tus preguntas aquí deben sonar a alguien que ya se imagina dentro.

«¿Qué tendría que haber conseguido en los primeros tres meses para que pienses que fue una buena contratación?» Revela que te orientas a resultados. Y te da algo muy valioso: la expectativa real, que a veces no coincide con la oferta publicada.

«¿Cuál es el problema que más tiempo le quita ahora mismo al equipo?» Demuestra que vienes a resolver, no a ocupar una silla. Si la respuesta conecta con algo que ya hiciste, coméntalo en una frase: «En mi trabajo anterior tuvimos algo parecido con los plazos de entrega y lo resolvimos así».

«¿Cómo prefieres recibir información sobre el avance del trabajo: reuniones, mensajes, informes?» Muestra madurez y te dice si vas a tener un jefe que pide control diario o uno que deja hacer.

«¿Cómo son las personas con las que trabajaría más de cerca?» Te interesa saber si entras en un equipo de tres o de veinte, si hay alguien con experiencia que te pueda orientar o si serás la referencia desde el primer día.

«¿Qué es lo que más te gusta de trabajar aquí?» Es la pregunta más personal y la que mejor funciona para cerrar. La respuesta, y sobre todo cuánto tarda en llegar, te dice mucho del ambiente.

Entrevista final: con dirección o con quien decide

En la última ronda ya han comprobado que sabes hacer el trabajo. Ahora valoran si te comprometes con la empresa a medio plazo. Las preguntas de detalle sobran; toca mirar más lejos.

«¿Hacia dónde quiere ir la empresa en los próximos dos o tres años y qué papel tiene este equipo en eso?» Revela visión. Muestra que te importa el rumbo de la empresa y no solo tu puesto.

«¿Qué recorrido han tenido otras personas que empezaron en este puesto?» Es una forma elegante de preguntar por crecimiento sin sonar a que ya quieres otro cargo. Si nadie ha cambiado de puesto en años, también te enteras.

«¿Hay algo en mi perfil que les haga dudar?» Requiere seguridad, y por eso la recomendamos solo en esta fase. Te da la oportunidad de aclarar un malentendido antes de que decidan. Si la respuesta es una duda real, contéstala con calma y un ejemplo, sin ponerte a la defensiva.

«¿Cuáles son los siguientes pasos?» Si hay oferta en camino, esta pregunta abre la conversación sobre condiciones. Para ese momento te conviene tener claro tu rango; lo explicamos en el artículo sobre expectativa salarial.

Cuántas preguntas llevar y cómo hacerlas

Lleva unas cinco preparadas para la fase que te toca, apuntadas en una libreta o en el teléfono, y haz dos o tres. Muchas se responderán solas durante la conversación; no las repitas como si no lo hubieras oído. Es mejor decir «ya me explicaste cómo es el equipo, así que solo quería preguntarte…».

Las mejores preguntas son las que salen de la propia entrevista. Si el entrevistador mencionó de pasada un proyecto nuevo, preguntar por él demuestra que escuchaste más que cualquier pregunta preparada. Y si te quedas sin ninguna, una salida honesta es: «Lo que me preocupaba ya lo hemos hablado. Solo me gustaría saber cuándo tendré noticias».

Lo que hayas aprendido con las respuestas te servirá también después, en el correo de agradecimiento, para recordar un detalle concreto de la conversación.

Preguntas que conviene evitar

Algunas preguntas restan aunque sean razonables, por el momento o por cómo suenan:

  • «¿A qué se dedica la empresa?» o cualquier dato que esté en su web. Indica que no te preparaste.
  • Salario, vacaciones o días libres en la primera entrevista, si ellos no han sacado el tema. No es que sean temas prohibidos: es que, antes de que te quieran, sugieren que solo te importa eso. Cuando hay interés mutuo, se habla con naturalidad.
  • «¿Cuándo podré ascender?» al principio. Suena a que el puesto te parece poco. La versión de la fase final, preguntar por el recorrido de otras personas, consigue lo mismo.
  • Preguntas sobre la vida privada del entrevistador o rumores de la empresa. Incomodan.
  • Preguntas de sí o no («¿Hay buen ambiente?»). Nadie va a responder que no. Pide ejemplos: «¿Cómo celebran cuando sale bien un proyecto?».
  • Preguntas para lucirte, con jerga o con una opinión disfrazada de pregunta. Se nota enseguida.

Si quieres repasar también lo que te van a preguntar a ti antes de llegar a este momento, tienes las preguntas de entrevista de trabajo agrupadas por lo que evalúan.

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